


Mañana de domingo.



Mañana de domingo.
Buenos días ciudad
Aún después de todo lo triste que me hiciste sentir y lo gris que se tornaron los días cuando me fui. Yo no te recuerdo así. Eres el sol del sábado en la mañana y el sonido de los ladridos de los perros que están en la cuadra. Eres un plan improvisado que salió bien. Eres caminar por mi casa y sentir por un momento que esto es la vida y sonreír.
Te llevaste mucho tiempo de mi, te llevaste mi adolescencia. Te quedaste con todos mis veranos, incluso sin estar. Fuiste mi primer amor y a veces quisiera quedarme un rato sólo en el momento en que tus ojos y lo míos se cruzaron por primera vez, el paso del tiempo puede llegar a sentirse tan pesado. Estar contigo era sentirse todo el tiempo como el puente que cae en lunes y tiene sabor a domingo.
Quiero que me lleves a desayunar, aunque nunca me acabo las porciones que sirven en los restaurantes.
Quiero tardar media hora pensando en cómo vestirme, para que al final pase más tiempo en ropa interior que lo que elegí.
Quiero que me saques a bailar a la discoteca, apesar de que no sepa bailar acompañada.
Quiero dormir contigo, aunque tenga insomnio.
Quiero acompañarte a hacer el súper, aunque yo detesto ir al súper.
Quiero hacer todas esas cosas contigo porque aunque no sea buena haciéndolo, tienen mejor sabor contigo. Porque lo cotidiano es mejor, a tu lado.
Sabes que yo lloro por todo, pero y tú?
¿Recuerdas el día que sin más lloramos en tu cama?
Creo que sentimos todo el peso del tiempo, y las cosas que no estaban en nuestras manos. El dinero, las responsabilidades, los miedos, las desilusiones y desiciones que tarde o temprano sabíamos que nos iban a afectar y el futuro que ya no tendríamos juntos. Jamás había llorado con alguien así, el no decir ni una palabra y entenderlo todo.
Claro que cuando te recuerdo, recuerdo lo sencillo, lo mágico, el principio. Cuando ni si quiera había ojos llorosos de por medio. El coqueteo, las bromas, los bailes y el viento que volaba mi falda, las risas y las rosas, las miradas de complicidad, el calor de la primavera y nosotros en el principio de muchos proyectos, ilusionados. Jamás pensé que tres años después terminaría en un colchón y ambos llorando sobre él.
Hoy cumples años
odias los cumpleaños
pero nunca los dices por miedo a herir los sentimientos de tu mamá y de tu novia,
te guardo el secreto.
Estos años
aprendí un par de cosas sobre ti:
sé cuál es tu libro favorito,
que los tacos siempre los pides con todo,
que darías todo por ver felices a los que amas,
conozco todas tus versiones,
y esa manera tan particular de mentir.
Hoy que cumples años
quiero decirte que ya no te rompas por hacer felices a otros,
yo te quise con todo y lados oscuros.
Pasos.
Me gusta cuando dices te quiero en voz baja, como susurrando. Cuando dices mi nombre en la noche, para no despertarme pero queriendo con todas tus fuerzas que te responda.
Uso ese mismo tono para buscarte, sólo que el mío es tan tan bajito que se vuelve un pensamiento. Así te digo te amo, ni si quiera necesito que me escuches o que me mires para que lo sepas.
Mi casa, tu casa
Aprendí a quedarme. A tener calma en la tormenta. Aprendí a no huir cuando las cosas están mal. Supe que era mejor bailar en vez de quejarme. Aprendí a ser casa. A cocinar y atender. Y a no llegar con las manos vacías a un hogar que no es el mío. Sé aliviar una gripa y una cruda. Puedo decir “no tengas miedo” aunque por dentro esté aterrada. Conozco más de tres maneras diferentes de blanquear la ropa y de preparar una Ginebra. No sé prender el boiler, pero si el horno.
Estoy aprendiendo a amarme y amar a otros en distancia. A saber que nadie está para siempre pero, ¡Qué mejor disfrutar a los que están!
Me levanto y lo primero que veo es el filito de mi cama donde solías sentarte. Tomo todos los días el camión donde nos vimos por primera vez. Me bajo en la parada donde intercambiamos números. Camino unos metros y esquivo el lugar donde nos dimos nuestro primer beso. Paso por el estacionamiento donde solíamos caminar agarrados de la mano.
Ya no soy la niña que conociste y que gastaba todo su tiempo y dinero en libros. Ya no veo el mundo de la misma manera y sin duda el amor que llegué a sentir antes de ti parece limosna. Creo que te llevaste cosas de mi que no podré volver a recuperar y aún no sé si eso es bueno o malo, o simplemente es. Ya no soy esa niña, ni la muchacha de diecisiete que cargaba tu pastel de cumpleaños mientras cantaba las mañanitas, o la que se escapaba de su casa en la madrugada para dormir en la tuya.
Llegaste en las lluvias de junio, me cubrí con tu paraguas y pretendí no volver a pasar una lluvia sin ti. Hoy compré mi paraguas y todo estará bien.
Ahora que estoy rota.
Díganle que me va bien sin él, o eso dicen mis amigos.
Díganle que yo nunca quise que se convirtiera en eso que con el tiempo dejaría de doler; ni que nos volviéramos dos desconocidos con tal de poder seguir.
Díganle que ya dejé de esperar que tocara el timbre de mi casa, ni ver su coche estacionado.
Díganle que ya salí con personas nuevas, que otro me toma de la mano.
Díganle que lo extraño todos los días, y no, no cuando estoy sola en mi cuarto. Lo extraño en un viaje, en una fiesta o en reunión con amigos, sólo por la curiosidad de saber si le gustaría aquí.
Díganle que me siento bien de haberlo amado tanto, aunque nunca nos hayamos amado de la misma manera.
Díganle que si aún no se arrepiente de haberme dejado ir, porque yo no me siento mal de haber cerrado la puerta.
